¿Qué extraño de México?
Cuando me preguntan sobre lo que extraño de México, me sumerjo en un océano de sensaciones y añoranzas, una sinfonía de recuerdos que persisten en mi mente durante varias horas, como ecos de un pasado que se niega a desvanecerse.
¿Qué extraño de México?
Primordialmente, a mis amigos. Esos seres que no vacilan en abrazarte, que te saludan con afecto y aparecen sin previo aviso. Espíritus espontáneos e inmaduros que conservan la chispa de la niñez, que transitan la vida como si fueran protagonistas de una telenovela; amigos y amigas de los que nunca se sabe si bromean o si hablan en serio, dispuestos a danzar contigo bajo la lluvia en lugar de resguardarse de ella. Los que, con su compañía, nunca sabes cómo terminará la noche, que no dudan en compartir contigo sus secretos más íntimos, los que te llaman «hermanito» o «hermanita», aquellos que se convierten en tus cómplices de vida.
Echo de menos esas relaciones fraternales que son difíciles de entender en otras partes del mundo. Extraño la magia de un país cargado de símbolos, de tradiciones, de misticismo; esos detalles que engrandecen las celebraciones importantes. Anhelo las tradiciones, especialmente la profunda simbología del Día de Muertos. Un país en el que sacerdotes, peluqueros, chamanes y psicólogos son consultados por igual.
Un lugar en el que los extranjeros piensan que nos reímos de la muerte, sin percatarse de que es parte de nuestra cotidianeidad. Añoro la cordialidad de la gente, el «pásele, güerita» y el «qué le vamos a dar«. Un país lleno de extremos, donde la escuela y la magia más grande se encuentra en las calles y en el que es muy común que te miren a los ojos mientras caminas por las calles.
Extraño a toda esa gente que no teme decir «te amo» y que lo expresa con sinceridad. Un país en el que los te amos abundan. Extraño la sensación de tener un alma colectiva, un espíritu compartido que crece con el éxito ajeno y se entristece con sus derrotas. Extraño ver a la gente llorar por las calles y reír a carcajadas. Añoro esos palomazos, momentos de improvisación en los que músicos desconocidos se reúnen para tocar con el corazón.
Extraño ese México que se une y se fortalece ante las tragedias, y que baila colectivamente en algunas calles. Extraño que cada día se sienta como una fiesta, como si fuera un viernes. Extraño la riqueza de colores, la vivacidad de los pueblos, los tonos del mar y de la selva, los matices de la gente mayor y el resplandor de la vida. El aroma y el sabor de la comida, no de esas comidas elaboradas que hacen los grandes chefs, lo que añoro son esos huevos revueltos con chilaquiles que preparaba la abuela, eso es lo que más añoro, que la comida te la preparen con el corazón.
Al final, lo extraño todo, extraño sentirme abrazado por todo lo mencionado anteriormente. Esta es la razón principal por la que se creó esta página: para que cualquier mexicano que comparta este sentimiento se sienta acogido y para que cualquier español tenga la oportunidad de maravillarse y, ¿por qué no?, algún día enamorarse de nuestro México.
¡Viva México! El corazón de México late en España.

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